octubre 31, 2007

Cuerpos y deseos

Hablar de cuerpos y deseos es en gran medida una transgresión a la imposibilidad que imponen los dedos de decir una verdad que se oculta tras la huella digital de la presencia, de la imposibilidad de trastocar una epidermis que limita el contacto con una alteridad radical en tanto distancia inexorable e inefable de mi realidad respecto de la del otro, no solo en el orden de lo tangible sino que incluso intelectual, mas no emocional, no en lo más íntimo de la experiencia de sí...
Es por esta razón que quisiera tristemente, de cierta forma trascender a la estructuralidad de una enunciación que designa una realidad de escisión y no pertenencia en el campo de la vínculación, ¿o será que no es posible el abandono de tal precepto a la hora de situarme en su contexto?.
La verdad es que no lo sé, pues una de las cosas que tengo claro es que mientras mis dedos designan y descifran algo de mí, en una instancia de enunciación de un alto grado de subalternancia y de la cual apenas puedo tener experiencia y decididamente no una retención causal, inevitablemente siento que me pierdo en las vueltas de este juego, no sé si soy yo quien realmente expresa estas estructuras lingüísticas que adquieren un sentido al que llamaremos discurso, no me queda claro que haya algo de MÍ, en tanto piel, pelos, órganos calientes y palpitantes luego de las vueltas por lo avatares de la alta enunciación subalterna. Yo quisiera creer que si y desde allí, quiero esta vez referirme al cuerpo y al deseo solo eso...
Sobre el tema del cuerpo, pareciera que las cosas están claras en la medida en que la notificación inmediata de la carne sobre los huesos, ésta a su vez envuelta en piel y engranada en ella los pelos que reciben los estímulos del ambiente en una lógica de binarismo biótico que parece incuestionable y de una obviedad ofuscante. Esta fórmula esencial y evidente gobierna la concepción que se tiene habitualmente del cuerpo es una fórmula que tiene su génesis en lo que Lacan denominará el Estadio del Espejo en el cual, la primera noción de corporalidad se consigue en una imagen externa y especular.
Esta determinación brutal de incapacidad propioceptiva ha derivado en un desconocimiento primordial en la capacidad de dar cuenta del propio cuerpo de forma íntegra y completa, es de alguna forma como estar segado en la posibilidad de captarse a si mismo en tanto totalidad y a propósito de totalidades se me ocurre un diálogo posible: Yo hablo de la incapacidad de una apreciación de totalidad... Lacan me dice en su tomo de ironía francesa: "Totalidades, yo nunca he visto seres totales...", a lo cual Deleuze y Guattari responden a Lacan: "Es que usted no es esquizofrénico...".
Si, efectivamente no hay posibilidad de totalidad en la experiencia que pueda tener ahora, mañana o pasado de mi y a este respecto quisiera ser tan intransigente como Lacan, nunca he visto ni veré seres totales pues mi capacidad de escapar a la ilusión de la escisión es nula en la medida en que sostenga mi cordura tal como la concibo en estos términos y esta cuestión no es ni menor, ni más simple que eso mismo, pero no por eso menos compleja. Si quisiéramos rastrear las nociones de totalidad o escisión en lo que al pensamiento corresponde, podríamos llegar incluso al pensamiento oriental donde unos de los escalones más altos de la evolución del alma es la capacidad de abandonar la ilusión de la diferencia y comprender que se es uno en el orden del cosmos.
Claro está que a muchos pensadores occidentales les molesta ser comparados o medidos en función del pensamiento oriental pues desdeñan la cercanía de éste con temas de religiosidad, pero más allá de estos prejuicios allí también se puede comprender de lo que estamos hablando.
Esta incapacidad de comprender la unicidad de la experiencia de la vida es propia de nuestro sistema de funcionamiento, podríamos llamarle neurosis, pero es más allá incluso que eso pues nuestros parámetros de cordura nos piden y exigen que sepamos que lo uno no es lo otro, es como el axioma de la lógica de que A no es B al mismo tiempo y al mismo respecto. ¿Porque no puede A ser B al mismo tiempo y al mismo respecto?, tan simple como porque cuando lo uno es uno, es uno y cuando lo otro es otro es otro, la mezcla, la difuminación es sinónimo de sin sentido, ruptura de la lógica y los que han hecho eso históricamente son "los locos".
Al respecto Deleuze y Guattari en el "Anti Edipo" dan cuenta de manera muy ilustrativa y atractiva por lo demás de la verdad y sentido, dentro de todo el sin sentido que les es propio de los procesos que subyacen al esquizofrénico, en definitiva, al loco entendiéndolo bajo la óptica de la producción. Una mirada marxista de la locura, muy asertiva y rica por lo demás.
Siguiendo a estos autores, si concebimos la verdad del esquizo en términos de producción, éste representa la producción en sí misma, producción de producciones en una continuidad perdida, muy similar a lo que Bataille denotaría por continuidad, pero esta vez ya no con la muerte como telón de fondo, sino que la locura.
Bueno, y a todo esto, ¿qué tiene que ver el rollo del esquizo con el cuerpo, con mi cuerpo, en que punto?, el el punto en que para hablar del cuerpo no se necesitan más que palabras, pero para escuchar al cuerpo y dejar que éste hable nos encontramos en una aporía pues como espero, ya halla quedado medianamente claro, no tengo ninguna posibilidad de que éstos dedos en tanto dedos cuerdos expresen algo más allá que futilidades escindidas de la corporalidad.
El discurso del cuerpo, desde el cuerpo y no acerca del cuerpo no es algo del orden de una estructuralidad discursiva posible de descifrar por un cuerpo detenido en el instante de la razón o como lo diría Deleuze y Guattari, la maquina deseante y productiva por definición, establece una relación de rechazo mutuo respecto del cuerpo sin órganos. El cuerpo sin órganos o lo improductivo es incapaz de comprender el discurso y la enunciación de los fluidos, flujos y contorsiones emitidos y desarrollados por las maquinas deseantes, las aborrece, su relación con éstas es del orden del asco, de la re-pulsión y es por eso que para sobrevivir a la pena que le significa cargar con esta máquina de caos productivo, se transforma en lo que autores denominarán máquina célibe, algo que no podré explicar en estos momentos...
Esta máquina célibe si bien es capaz de cargar sobre sí los retazos desantes de las máquinas primordiales, es incapaz de reproducir y enunciar el discurso de éstas. Mis dedos no pueden hablar desde ellos, hablan desde el prisma de la instancia de mi cordura que les aferra a un sin sentido de segundo orden, osea, un sin sentido de la cordura.
Mi piel, mi sangre alborotada y mi presencia derramada en la instancia de la escritura no pueden sino dar cuenta de un grito, pero no un grito, el grito del cuerpo que quiere hablar pero ha sido callado y ésta vez sí Lacan me apoya y dice que mi cuerpo ha sido callado, no porque no hable al igual que las lunas y los planetas, no es que no digan nada porque no hablen, sino porque se los ha hecho callar, como a mis dedos presos de su propia huella digital que dice mi nombre y me lleva consigo, en una no presencia determinante.
Quería hablar sobre el cuerpo y mi cometido ha sido logrado,he hablado con mi cuerpo sobre el cuerpo, pero sobre un cuerpo que es mío a decir basta y que no es ni del orden simbólico e imaginario, sino que corresponde al registro de lo real de manera absoluta, pero del cual me es imposible dar cuenta salvo por medio de una exterioridad especular.
Sobre el deseo, si bien he hablado mucho sobre el deseo no le he enunciado de manera precisamente didáctica, nada de lo que ha sido dicho desde estos dedos escindidos le es ajeno al deseo, pero me comprometo a tratarle a modo de deuda.