abril 10, 2009

Clamor del incubo...

Sentí mis alas arder, mi cabeza alborotada suplicaba elevarse al cielo azul... pero el lodo es denso y funesto, las manos y las piernas apresadas, hundidas en charco marginal refriegan en mi rostro la impotencia de mi vida como monje corrupto, de ángel celestial que viste y actúa como el peor incubo del demonio.

La luz en mis ojos duele, los caleidoscopios son intensos y mortales... es como perderse entre los mil reflejos que se alternan y se pronuncian insolentes ante una realidad uniforme y monocromática...

Cuanta piel cabe en mis uñas en el momento del desolle?, cuanto dolor soy capaz de imprimir en la piel de mi víctima y en la mía?, cuantas muertes tengo que ver y saborear para comprender que mientras luzca esta linda máscara jamás podré fundirme en el cadáver?, cuantas veces tengo que morir para entender de una buena vez, que soy tan inmortal como la vida misma me lo permite...????

...No tengo idea, las certezas han huido de mi cabeza en estampida, han dejado tras de sí sus espléndidos vestidos de oropel, sus suntuosas joyas dogmáticas y sus zapatos de tacón hechos a la medida de una ilusión...

Lo único que tengo es la última de esas certezas, aquella que me mira desnuda y con rencor entre los dientes, aquella que he violado infinidad de veces, aquella cuyo cuerpo muestra las cicatrices que son el testimonio de mi furia, su entrepierna hinchada, su ano sangrante y su boca estropeada por haberla prostituido a cambio de cuotas de control que tanto me agradan...

Soy un demonio, un carnicero de certezas e intencionalidades, un abusador de los límites del significado... Sin embargo, mis víctimas a ratos se rebelan, me toman y hacen de mi putrefacta carne enferma, un banquete abominable. Untan sus vacías manos en mis vísceras, se ríen estrepitosamente de mis alas marchitas, y pasan la lengua por sus destrozadas bocas, saboreando una fútil victoria cuando miran mis ojos tristes... su venganza es inmensa, pero plana. No me hiere, me repugna, huele a nada, sabe a aire maltrecho....

Me soplan al oído... una suave y dulce lengua aprisiona los lóbulos de mis orejas... se siente extraño, la tibiesa de su humectada presencia calma mi furia, pero enardece mi desintegración concupiscente... la askesis de mi naturaleza se oculta, y la cola del incubo se asoma... el calor del infierno mueve mis vísceras y las reordena luego de la masacre de las intencionalidades... mi piel se eriza y segrega aromas intensos, la lubricidad que se apodera de mi cabeza, de mis ojos, de mi boca, de mi vientre... enardece mis manos, las tensa, necesito llevarlas a mi piel... a mi piel sofocada por el infierno, abro en ella dolorosos surcos, desgarro la carne y siento cómo se desliza por mis costados esa sangre que hierve de pecado... mis uñas convertidas en garras arrasan, y dejan hechos girones mi cuerpo, mi carne se resiente y mis ojos no soportan tanto éxtasis...

El charco de lodo nauseabundo se ha transformado en un charco de sangre, de hirviente sangre pecaminosa... el rojo tiñe mi piel y me siento caer en lo más profundo del averno. Sin embargo, en plena caída alguien me habla, su voz resuena en mi cabeza y me dice que me quiere a su lado... Mi estrepitosa caída es interrumpida por un terreno baldío e insolente.. y al caer en tan desolado e insulso lugar, ahí estaba, aquella voz insistente que no me deja caer y sucumbir al abismo... su ilustrísima y patética última certeza de mí... ya repuesta de mis ultrajes, con los ojos vivos y su boca alborotada... me mira desafiante y saca su purulenta lengua incitándome a la furia.

Mi piel se renueva, no quedan huellas del desolle y vuelvo a tener olor tierra, a nada... la sangre de mi cuerpo ya no hierve, esta quieta, estancada... pútrida. La odio, es la puta que me ata a este patético lugar... la veo sonreír con el triste espectáculo de mí y disfrutar sentada en el suelo, enseñándome sus partes.

Pequeño C. dijiste que me llevarías al cielo pero... podrás cargar con este cuerpo maltrecho por sus instancias?... ya no sé cual es mi naturaleza primera, no tengo claro si mis alas caídas son realmente de un pasado celeste, o están puestas allí para burla de mi mismo... lo único que sé, es que en este momento siento el deseo de despedazar, de violar y de estropear a mi querida compañera, de ver sangrar sus costados, de sentir en mi lengua el calor de su sangre alborotada por mis golpes, de morder su carne hasta el desolle, de contener sus espasmos de dolor con asfixia, y decirle al oído... que la amo, que sin ella no vivo, que su presencia en mí me hace dueño y señor de mil propiedades, que es mía y que en unos instantes le toca a ella, volver a rozar mi oreja son su atrevida lengua, para volver también a generar en mi... ese ardor, esa pasión destructiva que le da sentido a mi presencia en esta vacuidad grisácea...

2 Comments:

Blogger Rabíh said...

Este comentario ha sido eliminado por el autor.

7:25 p. m.  
Blogger Rabíh said...

hola ,bueno primero quiero decir que me gusto mucho el escrito tiene mucho sentido a igual que algunas palabras con mucha intensidad, creo que en tus palabras refleja mucho esos sentimientos que tienes lo cual te hace un gran escritor para mi gusto y bueno un gran saludo a un gran saludo de alguien que te admira y te quiere mucho ,tu sabes quien es .

7:28 p. m.  

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