enero 27, 2009

Y volar... solo volar

En algún momento, dentro de mis locuras varias me concebí como un tipo intesticial... un pasajero del entre, ajeno a las partidas y las llegadas... un amante del viento, del viento que enciende mis llamas... viento + fuego, lógica de la incineración, devoción por el comburente, pero... ¿Y el combustible?... Creo que nunca pensé en el combustible...

He pensado en por qué me gusta tanto el viento, por qué cuando chico adoraba sacar la cabeza por la ventana del auto y aún ahora lo adoro, por qué persigo las ráfagas, por qué siempre sonrío en medio de ellas... por qué me habría quedado horas en medio del puente de Valdivia durante el temporal... es el viento. Me impulsa, me acelera, me impacta, me revive... me incinera.

Pero... ¿Qué es un combustible?... pues el combustible es lo que se quema, no hay fuego sin esos dos elementos... su naturaleza es dual... yo soy de fuego.. pero también de madera... mmmm... caso complicado.

Siempre he pensado que el fuego quema.. y más allá de la obviedad de dicha aseveración creo que la cuestión del combustible es del orden de lo ético... la naturaleza dual de la reacción ignea me hace pensar que la generación de la flama es una cuestión delicada, todos sabemos que el fuego puede tanto dar abrigo, como puede matar... cuando se trata del fuego no hay términos medios, o se mantiene una distancia de éste, o se quema en la instancia de éste... pero esta distancia es un lujo que el combustible no puede darse.. el combustible siempre es consumido por la llama implacable para espectáculo, abrigo o suplicio de un otro.

Cuando pienso en el fuego.. en sí, como inmaterialidad y en el viento como su comburente (entiendase para aquellos amantes de los tecnisismos: Viento = Oxigeno (O2)), me asalta la cuestión del sustento... no sé por qué siempre busco en todo un sustento... eso me hace pensar que no estoy 100% reconciliado con la naturaleza ignea