Sobre el ser amante, ética, vacío y devenir.
Hoy hablaré de la noción de amante que tantos prejuicios acarrea, de su ética, del no lugar desde "donde" se sitúa esta noción y el devenir de su presencia ausente.
En primer lugar, es menester el deslindar la noción que yo manejo de la socialización a la cual ha sido remitido el significante A-M-A-N-T-E. La razón de los guiones esta dada para desnaturalizar la lectura del significante e invitar al sumergimiento del universo de significaciones posibles que aporta su presentación.
Una de las primeras cosas que llama la atención del concepto de Amante es lo que la RAE nos dice que es lo siguiente:
En primer lugar, es menester el deslindar la noción que yo manejo de la socialización a la cual ha sido remitido el significante A-M-A-N-T-E. La razón de los guiones esta dada para desnaturalizar la lectura del significante e invitar al sumergimiento del universo de significaciones posibles que aporta su presentación.
Una de las primeras cosas que llama la atención del concepto de Amante es lo que la RAE nos dice que es lo siguiente:
amante1.
(Del ant. part. act. de amar; lat. amans, -antis).
2. adj. Se dice de las cosas en que se manifiesta el amor o que se refieren a él.
3. m. pl. Hombre y mujer que se aman.
4. com. querido.
Según esta definición lo primero que salta a la vista es la noción de movimiento en su significado al cual remite dicho significante. El amante es movimiento, es dinámico. Si lo remitimos al cuerpo, podríamos decir que el cuerpo del amante, del que ama está marcado por el movimiento, el amante es un siendo y no un ser, es un devenir. Al contrario del cuerpo de la pareja, el cual está marcado por el instante, la inamovilidad.
Esta noción es importante aclarar que no es dinámica inocua, su naturaleza está marcada por la incertidumbre, por la presencia ausente, por la incapacidad de objetivar la experiencia y el mismo cuerpo del otro.
Esta noción trae consigo irremediablemente una ética, pues se trata de un otro, de la relación con la alteridad. En la noción de amante el otro no se encuentra presente, el otro no está a mi disposición en cuerpo y alma, sino que entre el yo y el tú se extiende un abismo insalvable que en Filosofía será llamado como la relación con la alteridad radical. Es radical porque es tan alter, que no puede ser alcanzada. No puedo asir al otro, porque el otro es la medida de mi mismo, yo soy en la medida en que el otro me determina y ahora es bueno profundizar levemente en esta consideración.
Es de cierto acuerdo que la construcción de la subjetividad está inevitablemente marcada por la incidencia del otro en mi, yo soy en tanto el otro me confiere una existencia nominal, al nombrarme y al significarme. El rastreo de esta consideración podemos encontrarla desde la Filosofía, el Psicoanálisis y la Psicología misma, sobre todo el constructivismo. Esta posición respecto de la alteridad nos dice que sin el otro no somos y plantea la necesidad de la relación. Esta idea es inevitablemente una ética, pues si el otro me determina, como diría Levinas, la deuda que tengo con esta alteridad es tan infinita que es impagable, ¿Cómo pagar el hecho de que me confieren la existencia?.
Desde un punto de vista fenomenológico, podemos poner la situación de la siguiente manera: El sujeto, antes de serlo propiamente tal no ha sido nominado y en términos Lacanianos, aún no ha sido ingresado en el orden simbólico, se encuentra en una posición de no existencia pues no ha desarrollado una subjetividad, Lacan le llamará Infans. Por tanto, cuando la presencia de la alteridad me nombra, me significa, se me ingresa al mundo de lo simbólico y adquiero una subjetividad primaria que va desarrollándose en el encuentro con el rostro del otro en términos de Levinas. Esta dinámica indefectiblemente provoca un fenómeno muy complejo pues viene la pregunta: ¿Cuando soy yo y cuando soy tú?.
Decididamente, el responder a ésta pregunta es muuuuuuuy complejo y da para una entrada dedicada exclusivamente a esta cuestión, por tanto en este momento, so pena de oscurecer el entendimiento de mi discurso diré que el sujeto a la luz de esta pregunta no está ni allí ni acá, no es completamente sí mismo y no es completamente el otro, es lo que se operacionalizará en psicoanálisis como el sujeto barrado. Esta situación donde yo no soy yo sin esa alteridad, me plantea una distancia, un abismo, una situación inefable, por tanto, ¿de qué forma puedo acceder a este otro si jamás puedo situarme de manera independiente?. Esto tiene que ver con que en la cuestión de mi relación con el otro no es posible ningún tipo de positivismo, pues implicaría una visión de mi en tanto sujeto y el otro como objeto, objeto a conocer, a manipular, a intervenir, lo cual es imposible porque la alteridad es inobjetivable.
Esta vuelta no poco elíptica y un tanto oscura por la noción de alteridad y la incidencia que tiene en la construcción de la subjetividad es primordial para comprender la dimensión y la profundidad de lo que entenderé por ser amante. No se trata de que en las relaciones de pareja comunes este fenómeno antes descrito no se de en los mismos términos, se trata en efecto que la estática de las relaciones promueve un emsombrecimiento de la distancia del otro, el compromiso, el proyecto de vida y la noción de la fidelidad lo que hacen es negar la distancia en una ilusión de control sobre el cuerpo, la voluntad y la experiencia del otro, la cual ostensiblemente zozobra sola con el tiempo, pues la concepción de amor, los significados socializados al significante dan cuenta de una apreciación del otro como un medio para un fin y no un fin en sí mismo, el otro es un medio para la felicidad, una felicidad que sería independiente al vínculo en sí mismo, pues el éxito de esta empresa dependerá de la efectividad de los mecanismos de sujeción que se establezcan.
Pero el gran tema es donde está la complejidad y la imposibilidad aparente de la relación de amante, ésta se sitúa en que el amante vive la incertidumbre del puro vínculo, pero es una incertidumbre falsa pues la certeza vincular que se establece es más segura que la de cualquier certidumbre otorgada por la sujeción artificial de los mecanismos sociales del amor. El amante se sitúa en el abismo del no lugar, pues su presencia está ausente en el sentido de que en una relación de esta naturaleza, los caminos se mantienen paralelos, al contrario de la ilusión neurótica de la pareja donde los DOS caminos idealmente se han de juntar, mezclar y crear a partir de un yo y un tú, un nosotros. En esta lógica, ¿donde queda la subjetividad?. Decididamente parece haber una perdida de la subjetividad pues el nosotros implica una anulación del yo y el tú, una síntesis del sujeto, como si éste pudiera ser sintetizado como un texto y el punto es que este "nosotros" ¿quién es?, el "nosotros" no tiene existencia, es una ilusión neurótica producida por la angustia de la soledad inefable en la cual se encuentra inmerso el sujeto barrado, un negar el sufrimiento inherente que significa la barradura, una triste finta al vacío existencial en el cual irrevocablemente estamos destinados en tanto que no somos nosotros sin un otro que no podemos asir.
La ilusión neurótica hace que estas estructuras colapsen y la rotura del "nosotros" siempre acarree disolución del vínculo, pues si el otro ya no me sirve para negar el vacío, pierde su función y por tanto busco la siguiente oportunidad para volver a lo mismo, una compulsión a la repetición.
En el amante, los caminos paralelos impiden la creación de la ilusión neurótica, no hay sujeción más allá de la necesidad de contar con el otro en tanto que nos debemos por completo mutuamente. De esta suerte, al no negar la soledad inefable, el camino paralelo del amante es un camino doliente pues se camina sobre una soga con el abismo en el fondo, porque pese a que nunca deja de ser así, se tiene la certeza constantemente de que no hay nada. Eso lo torna más sincero, pues aquel otro que no puedo alcanzar, pero que camina a mi lado me invita a llegar hasta donde se encuentra, en una invitación imposible pero esperanzadora, donde este otro no es un medio para un fin, sino un fin en sí mismo y la imposibilidad de pagar la deuda, hace que la responsabilidad que tengo con este otro sea perpetua. En la noción de amante hay una espera infinita, una esperanza de advenimiento, es lo mesiánico (En términos de mi amiga Fernanda).
Por qué escribir DOS con mayúscula al referirme a los caminos de una pareja, porque los significados relativos a ese significante "p-a-r-e-j-a" implican necesariamente un binarismo, hay una restricción a la base de esa estructura. Son dos y no más, como si en la vida solo hubiera la posibilidad de un solo otro. Es preciso entender ésto en términos de la operacionalidad del fenómeno, pues cuando sólo hay uno más aparte de mi, es más fácil cerrar una aparente Gestalt, darle una "buena forma", es más fácil crear la ilusión neurótica con dos caminos que con tres o más. Esta es otra diferencia con respecto a la noción de amante, pues la condición primordial aquí no es el asir a un otro, sino un amar, un amar en el devenir, en movimiento, por tanto la restricción del DOS pierde su sentido, aunque así se de en la praxis.
Finalmente, después de todo esto, no puedo no concluir que la relación de amante no requiere ni siquiera de una relación física en términos sexuales, pues amantes somos con nuestros más queridos amigos, con nuestras familias. Esto puedo concluirlo pues la definición que la vida me ha hecho elaborar del amar, tiene que ver con el encuentro de un otro con el cual quieres vivir el resto de tu vida sin importar la forma incidental del vínculo, lo importante es la permanencia del vínculo y eso, es infinito.
Cuando la ilusión de la forma es abandonada y lo que queda es el otro en la distancia y su inefabilidad, los devenires de la vida provocarán la necesidad de una resignificación, una resignificación que siempre redundará en la imagen de esta alteridad radical bañada por la esperanza y creo yo, que no hay mayor nobleza que esto.
Esta noción es importante aclarar que no es dinámica inocua, su naturaleza está marcada por la incertidumbre, por la presencia ausente, por la incapacidad de objetivar la experiencia y el mismo cuerpo del otro.
Esta noción trae consigo irremediablemente una ética, pues se trata de un otro, de la relación con la alteridad. En la noción de amante el otro no se encuentra presente, el otro no está a mi disposición en cuerpo y alma, sino que entre el yo y el tú se extiende un abismo insalvable que en Filosofía será llamado como la relación con la alteridad radical. Es radical porque es tan alter, que no puede ser alcanzada. No puedo asir al otro, porque el otro es la medida de mi mismo, yo soy en la medida en que el otro me determina y ahora es bueno profundizar levemente en esta consideración.
Es de cierto acuerdo que la construcción de la subjetividad está inevitablemente marcada por la incidencia del otro en mi, yo soy en tanto el otro me confiere una existencia nominal, al nombrarme y al significarme. El rastreo de esta consideración podemos encontrarla desde la Filosofía, el Psicoanálisis y la Psicología misma, sobre todo el constructivismo. Esta posición respecto de la alteridad nos dice que sin el otro no somos y plantea la necesidad de la relación. Esta idea es inevitablemente una ética, pues si el otro me determina, como diría Levinas, la deuda que tengo con esta alteridad es tan infinita que es impagable, ¿Cómo pagar el hecho de que me confieren la existencia?.
Desde un punto de vista fenomenológico, podemos poner la situación de la siguiente manera: El sujeto, antes de serlo propiamente tal no ha sido nominado y en términos Lacanianos, aún no ha sido ingresado en el orden simbólico, se encuentra en una posición de no existencia pues no ha desarrollado una subjetividad, Lacan le llamará Infans. Por tanto, cuando la presencia de la alteridad me nombra, me significa, se me ingresa al mundo de lo simbólico y adquiero una subjetividad primaria que va desarrollándose en el encuentro con el rostro del otro en términos de Levinas. Esta dinámica indefectiblemente provoca un fenómeno muy complejo pues viene la pregunta: ¿Cuando soy yo y cuando soy tú?.
Decididamente, el responder a ésta pregunta es muuuuuuuy complejo y da para una entrada dedicada exclusivamente a esta cuestión, por tanto en este momento, so pena de oscurecer el entendimiento de mi discurso diré que el sujeto a la luz de esta pregunta no está ni allí ni acá, no es completamente sí mismo y no es completamente el otro, es lo que se operacionalizará en psicoanálisis como el sujeto barrado. Esta situación donde yo no soy yo sin esa alteridad, me plantea una distancia, un abismo, una situación inefable, por tanto, ¿de qué forma puedo acceder a este otro si jamás puedo situarme de manera independiente?. Esto tiene que ver con que en la cuestión de mi relación con el otro no es posible ningún tipo de positivismo, pues implicaría una visión de mi en tanto sujeto y el otro como objeto, objeto a conocer, a manipular, a intervenir, lo cual es imposible porque la alteridad es inobjetivable.
Esta vuelta no poco elíptica y un tanto oscura por la noción de alteridad y la incidencia que tiene en la construcción de la subjetividad es primordial para comprender la dimensión y la profundidad de lo que entenderé por ser amante. No se trata de que en las relaciones de pareja comunes este fenómeno antes descrito no se de en los mismos términos, se trata en efecto que la estática de las relaciones promueve un emsombrecimiento de la distancia del otro, el compromiso, el proyecto de vida y la noción de la fidelidad lo que hacen es negar la distancia en una ilusión de control sobre el cuerpo, la voluntad y la experiencia del otro, la cual ostensiblemente zozobra sola con el tiempo, pues la concepción de amor, los significados socializados al significante dan cuenta de una apreciación del otro como un medio para un fin y no un fin en sí mismo, el otro es un medio para la felicidad, una felicidad que sería independiente al vínculo en sí mismo, pues el éxito de esta empresa dependerá de la efectividad de los mecanismos de sujeción que se establezcan.
Pero el gran tema es donde está la complejidad y la imposibilidad aparente de la relación de amante, ésta se sitúa en que el amante vive la incertidumbre del puro vínculo, pero es una incertidumbre falsa pues la certeza vincular que se establece es más segura que la de cualquier certidumbre otorgada por la sujeción artificial de los mecanismos sociales del amor. El amante se sitúa en el abismo del no lugar, pues su presencia está ausente en el sentido de que en una relación de esta naturaleza, los caminos se mantienen paralelos, al contrario de la ilusión neurótica de la pareja donde los DOS caminos idealmente se han de juntar, mezclar y crear a partir de un yo y un tú, un nosotros. En esta lógica, ¿donde queda la subjetividad?. Decididamente parece haber una perdida de la subjetividad pues el nosotros implica una anulación del yo y el tú, una síntesis del sujeto, como si éste pudiera ser sintetizado como un texto y el punto es que este "nosotros" ¿quién es?, el "nosotros" no tiene existencia, es una ilusión neurótica producida por la angustia de la soledad inefable en la cual se encuentra inmerso el sujeto barrado, un negar el sufrimiento inherente que significa la barradura, una triste finta al vacío existencial en el cual irrevocablemente estamos destinados en tanto que no somos nosotros sin un otro que no podemos asir.
La ilusión neurótica hace que estas estructuras colapsen y la rotura del "nosotros" siempre acarree disolución del vínculo, pues si el otro ya no me sirve para negar el vacío, pierde su función y por tanto busco la siguiente oportunidad para volver a lo mismo, una compulsión a la repetición.
En el amante, los caminos paralelos impiden la creación de la ilusión neurótica, no hay sujeción más allá de la necesidad de contar con el otro en tanto que nos debemos por completo mutuamente. De esta suerte, al no negar la soledad inefable, el camino paralelo del amante es un camino doliente pues se camina sobre una soga con el abismo en el fondo, porque pese a que nunca deja de ser así, se tiene la certeza constantemente de que no hay nada. Eso lo torna más sincero, pues aquel otro que no puedo alcanzar, pero que camina a mi lado me invita a llegar hasta donde se encuentra, en una invitación imposible pero esperanzadora, donde este otro no es un medio para un fin, sino un fin en sí mismo y la imposibilidad de pagar la deuda, hace que la responsabilidad que tengo con este otro sea perpetua. En la noción de amante hay una espera infinita, una esperanza de advenimiento, es lo mesiánico (En términos de mi amiga Fernanda).
Por qué escribir DOS con mayúscula al referirme a los caminos de una pareja, porque los significados relativos a ese significante "p-a-r-e-j-a" implican necesariamente un binarismo, hay una restricción a la base de esa estructura. Son dos y no más, como si en la vida solo hubiera la posibilidad de un solo otro. Es preciso entender ésto en términos de la operacionalidad del fenómeno, pues cuando sólo hay uno más aparte de mi, es más fácil cerrar una aparente Gestalt, darle una "buena forma", es más fácil crear la ilusión neurótica con dos caminos que con tres o más. Esta es otra diferencia con respecto a la noción de amante, pues la condición primordial aquí no es el asir a un otro, sino un amar, un amar en el devenir, en movimiento, por tanto la restricción del DOS pierde su sentido, aunque así se de en la praxis.
Finalmente, después de todo esto, no puedo no concluir que la relación de amante no requiere ni siquiera de una relación física en términos sexuales, pues amantes somos con nuestros más queridos amigos, con nuestras familias. Esto puedo concluirlo pues la definición que la vida me ha hecho elaborar del amar, tiene que ver con el encuentro de un otro con el cual quieres vivir el resto de tu vida sin importar la forma incidental del vínculo, lo importante es la permanencia del vínculo y eso, es infinito.
Cuando la ilusión de la forma es abandonada y lo que queda es el otro en la distancia y su inefabilidad, los devenires de la vida provocarán la necesidad de una resignificación, una resignificación que siempre redundará en la imagen de esta alteridad radical bañada por la esperanza y creo yo, que no hay mayor nobleza que esto.

1 Comments:
"Desde un punto de vista fenomenológico, podemos poner la situación de la siguiente manera (...)"
weon, es escucharte hablar en clases!! jajajajajajaja
quien te vio y quien te ve, adorando a Lacan... ahora hasta en los terremotos ves bandas de moebius... :o
saludos
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