Hablemos de AMOR...
Hablemos de amor... Parece una invitación sin serlo, pero al mismo tiempo lo es. Pretendo comenzar ésta entrada después de harto tiempo así de compleja porque quiero hablar de amor desde una manera muy poco amorosa.
Quienes me conocen saben de mi aversión a las expresiones amorosas tradicionalmente institucionalizadas en las relaciones humanas, pero junto con saberlo, si me conocen más de cerca, me habrán visto en más de alguna ocasión sumergido en la performance amorosa que tan duramente critica mi discurso.
Debido a lo anterior y ante una eventual crítica inmediata, tan aguda como el mejor de los dardos, que versaría más o menos así: "Siempre lo supe, eres pura boca", "Eres falso, hablas por hablar", "Siempre supe que eras un chanta, no eres consecuente", etc... es que el desarrollo de éste amor poco amoroso, que más que proponer, simplemente quiero desarrollar en este momento, clarificará mi actuar, mas no justificar (importante aclaración) para quien pueda ver la claridad de las aguas cuando éstas muestran lo que realmente hay y no a los peces de colores que algunos quieres ver.
De esta suerte, es que por fin y después de éste largo rodeo, nos sumergiremos en las bondades, dulzuras y suavidades del amor... Bondades que para ser valoradas rozan con una disimulada sonrisa, los límites de la patología, dulzuras tales que tienen a nuestra sociedad diabética y suavidades complacientes a tal nivel, que nuestros ojos sólo ven estelas de una razón contradictoria y absurda, si aceptar su verdadera naturaleza... Pero no hay que apresurarse y como diría yo, hay que comenzar por el comienzo.
¿Qué es el amor?, No tengo idea y creo que nadie tiene idea de lo que es. Cada vez que discuto con alguien sobre esta cuestión, la respuesta que recibo es "Lo sabrás cuando estés enamorado" o "No sabes lo que es porque nunca lo has sentido". Estas respuestas evidentemente atentan contra todos los preceptos con los cuales nos hemos constituido como seres pensantes, desde que nacemos, estamos insertos en una sociedad que se esmera (tristemente a veces) en mantener una relación lógica con los fenómenos del mundo, intentando una causalidad irrefutable que se ha constituido en el axioma de nuestra experiencia.
Dado lo anterior, es que me pregunto porque las personas conciben de es forma el amor, siendo éste uno de los conceptos más difundidos al menos en occidente. Antes de seguir, quisiera aclarar que mi problema y cuestionamiento no radica en el absurdo e irracional dominio de éste llamado amor, porque éstos me hacen mucho sentido, mi problema radica en: ¿Porqué el amor tiene que ser uno de los pocos conceptos a los cuales se les concede la posibilidad de escapar de la lógica causal axiomática de la experiencia?, ¿Qué otros mecanismos juegan un papel "político" para que esto sea de esta forma?. Revisemos.
En primer lugar deberíamos consultarnos por los contenidos asociados o integrantes de lo que vagamente entendemos por amor. Evidentemente esta revisión no pretende ser exhaustiva ni demasiado certera, por tanto, me tomaré la libertad metodológica de interpretar un poco de lo que ha sido mi experiencia y hacerla pasar como "dato" para este míni análisis.
Tengo entendido que las personas hablan de amor, hacen referencia a sentimientos que consideran "positivos" hacia otras personas, en una variedad de relaciones posibles de mantener, donde la relación de amor por excelencia o mejor dicho, la más cliché es la de pareja. Ahora bien, la pregunta siguiente claramente consiste en interrogarse por lo que significan esos sentimientos positivos. Pienso que al hablar de sentimientos positivos, se está haciendo referencia a la concordancia entre el actuar propio y los valores pregonados por la sociedad. En éste punto del análisis, podría caer en picada aguda sobre la naturaleza de los valores pregonados por la sociedad, en una glotonería destructiva contra la ética Judeo-Cristiana, eso es típico, me gusta, pero en éste momento no lo pretendo. En vez de eso, quisiera enfocar las aguas hacia otro canal.
En esta línea, si aceptamos que existe un pool de valores aceptados y valorados en nuestra sociedad y dejando de lado una génesis muy necesaria de éstos, se puede decir que consisten en un buen relacionarse, un relacionarse de manera efectiva y productiva, donde éstos dos conceptos en las relaciones serían el parámetro de probidad. Una relación adecuada, por tanto, debe ser una relación afín a la institucionalidad dispuesta por los mecanismos de cohesión social para que la maquinaria sistémica funcione.
En términos prácticos, estoy diciendo que tener sentimientos positivos hacia un otro está dado por parámetros de funcionalidad institucional. Para ejemplificar: un buen sentimiento descarta el deseo de quitar la vida a un otro, porque de concretizar el deseo, se atenta contra un agente de producción y desempeño social, mellando de ésta forma la institución de la individualidad funcional de la sociedad. Por su parte, el deseo de conservación y protección es completamente probo en términos de que resguarda la institución antes mencionada.
Este punto tan basal parece lógico y no presenta complicaciones, al menos a mis ojos en una vista rápida, el cuestionamiento para mí se produce como siempre en la operacionalización de los constructos empleados en las definiciones y concepciones.
Si amar, es tener sentimientos positivos hacia alguien y éstos deben ser afines a la sistemática social. ¿Cómo expreso a alguien ese amor que le tengo?, ¿Es posible transformar ese amor teórico en una acción hacia un otro?.
Creo que técnicamente se puede expresar ese amor a un otro, pero no es tan sencillo puesto que el juicio axiológico por definición es siempre unidireccional y las relaciones son multidimencionales. Existiría una incerteza prima en la formulación del juicio puesto que no hay posibilidad de acceder a la experiencia del otro, el otro no puede ser objetivado... ¿O si?.
Dentro de mi ética, tengo la convicción de que la objetivación del otro es imposible y las relaciones se establecerían con una alteridad radical de carácter especular.
Pero, ¿Y el pool de valores institucionalizados, no sirven acaso como criterio unificador de la relación con la alteridad?. Si, efectivamente la institucionalización del criterio sienta las bases para un relacionarse desde un parámetro definido. Sin duda alguna, es de esta forma que las personas se relacionan en la cotidianidad.
Pero, ¿Qué significa eso?, ¿Qué clase de relaciones se pueden establecer bajo estas condiciones?. Definitivamente significa que existe la posibilidad de relacionarse efectiva y productivamente, ahora las condiciones bajo las cuales se establecen estas relaciones son bastante claras. A mi juicio, si las relaciones son especulares con la alteridad radical, éstas relaciones de facto que conforman la institucionalidad social, son menos que especulares, puesto que se presentan a sí mismas desde la uniformación y enmascaramiento. ¿Con quien o qué me encuentro en estos "encuentros"?. A mi juicio, me encuentro con una ordenanza, con un criterio y un parámetro, nunca con un otro, me encuentro con una maqueta de otro, afirmada de pegamentos, cintas y límites, en definitiva, con una prescripción efectiva, factual y productiva personificada.
La relación especular con la alteridad radical, por su parte, provoca un encuentro etéreo, sin forma, imposible de consumar y sumergido en el absurdo. El otro se me presenta como una forma falsa, tan falsa como la otra, pero con la certeza de que es así y el absurdo está en que es una relación estéril, especulativa y que nunca se produce.
En las primeras relaciones factuales, el amar es posible porque para amar, debes estar inserto en el orden simbólico institucional. Amas, en el más profundo y completo sentido de la palabra porque sientes y vives los valores prescritos, te relacionas como máscara hacia otra máscara, porque éstas existen. El rostro al contrario, es de naturaleza especular, el rostro suscita pero no se muestra, "hay un algo" bajo la máscara, algo que no puede apreciarse, algo que facticamente no existe. Suscita, pero no sirve, para amar hay que tener experiencia del objeto de amor y por tanto objetivarle, conferirle existencia, nominarlo, aprehenderlo hay que creer que las cosas existen y que son. Si concordamos con que la Neurosis consiste básicamente en creer que las cosas existen, consiste en abandonar el siendo por un ser
Por su parte, las relaciones especulares adolecen de todo éste aparataje institucional y son salvajes, irracionales, absurdas, estériles y volátiles. Se dan y no se dan, no tienen objeto puesto que el otro no puede objetivarse, no pueden ser medidas, no hay experiencia de ellas en tanto fenómeno factico puesto que se remiten en definitiva a un sentimiento particular, una experiencia individual indecible e incluso incomunicable. Nada puede sacarse en limpio de estas pseudorelaciones, que ni siquiera lo son, puesto que el nosotros no existe, tan sólo existe un yo conmovido por la inmensidad e irracionalidad del otro, suscitado, suspendido.
Dado lo anterior, puedo aceptar la idea que nos proponía un profesor en la Universidad de que la Neurosis en en definitiva la base de la sociedad, una sociedad no neurótica no puede sostenerse a sí misma. Donde la neurosis tendría relación con el creer que las cosas realmente existen, la neurosis correspondería a la vivificación de un rol social por parte de la persona y por consiguiente la conformación de una identidad. La identidad sería no otra cosa que el juego de roles y significaciones sociales que la persona performatiza en sociedad.
Las sociedades funcionan porque las personas somos neuróticas por definición y el sistema reproduce mecanismos neuróticos para asegurar su permanencia. En este juego, el amar es una de las cartas fundamentales, donde lo que se debe de amar es la identidad construida de un otro y no al otro mismo, hacerlo sería infructífero y carecería de sentido.
Ahora bien, porqué hablo yo de estas cosas si soy un neurótico más, desde donde me paro para referirme con esta propiedad acerca de lo que somos y no podemos dejar de ser. Pues me sitúo desde el único lugar posible para adquirir esta distancia con el proceso, ese lugar no es otro que el de la patología, donde ésta se entiende como la inadecuación a lo que se espera de alguien y su consiguiente disfuncionalidad con la sistemática social. En ese sentido, yo soy muy patológico e inadecuado, fluctuando entre lo que debe de ser, lo que no quiero que sea y la imposibilidad de evitar que sea.
Dado ésto, la pregunta es la siguiente: ¿Puede alguien por más patológico que sea, escapar a los mecanismos neuróticos necesarios para la sociedad?. Yo digo como estudiante de Psicología que si, y a éstas personas se les llama Psicóticos. Cualquier otro personaje claramente no puede evitar la neurosis, salvo en lo que pueden llamarse brotes psicóticos o sutiles avistamientos de algo indecible e impensable. De esta forma, ¡¡¡¡¡Lo lamento!!!!!, no puedo evitar ser neurótico y no puedo evitar formar relaciones factuales con los objetos de la experiencia, porque no soy Psicótico, pero si pediré que se me respeten mis pequeños avistamientos, los cuales me hacen retorcer y escribir este tipo de cosas. Jejeje.
P.D: No hay imagen en esta entrada, no sé porque. De onda...

1 Comments:
HERMOSO BLOGG ME DEJASTE IMPRSIONAD MUY LINDO ME PARECES IMTERESANTE DE VERDAD AVECES VALE LA PENA SENTARSE A CONVERSAR CON GENTE KE PINSA DIFERENTE AL MUNDO O QUE BA CONTRA LA CORRIENTE LUCHANDO POR SUS IDEALES BUENO NIÑO T DEJO UN SALUDO Y CUIDATE MXOOO OK HABLAMOS POR MSN CHAUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUU
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