abril 29, 2006

Un nuevo integrante, una triste historia con un final feliz...



He aquí a un nuevo integrante de mi familia, cuya historia ha sido conmovedora desde el principio. Sin embargo, es de esperar que de ahora en adelante su suerte cambie a nuestro lado, al menos lo intentaremos.
Todo comenzó un día cuando celebrabamos el cumpleaños de mi papa en un restaurant cercano a la casa. Cuando nos retiramos, yo me fuí con mi mamá y mi hermana caminando puesto que la distancia era de escasas tres cuadras hasta mi hogar. Fue durante el camino que en medio de la distendida conversación que sostenía con mi mamá, de pronto un viento recorre mi cabeza en un instante y diviso a una criatura pequeñita, un perrito de no más de 3 meses de edad que se bamboleaba de un lado a otro en la misma vereda en que yo me encontraba. Era como si no supiera donde se encontraba, perdido, botado, extraviado, quien sabe.
Fue en ese momento cuando un frio indescriptible cercenó mi espalda en el instante cuando lo veo bajar a la calle, directo al encuentro de un automovil que transitaba furioso por el asfalto altanero e implacable de nuetra ciudad. En ese momento todo se volvió lento, unos segundos que duró la escena se tornaron en cámara lenta para mí, al ver como el automovil se acercaba impetuoso y sin el más mínimo ademán de frenar para evitar el fatídico final que eventualmente se produciría y sucedió lo inexorable...
Mi corazón se encogió fuertemente al ver como el vehículo paso completamente por encima del perrito sin la más mínima piedad y siguio luego de ello su raudo andar, sin importarle aquella pequeña criatura que a los pocos meses de vida, ya contaba en su experiencia como un auto le atropella. De esta suerte, el pequeño perrito dio vueltas bajo el auto al recibir el golpe y al pasar éste salió corriendo echo un mar de lágrimas, en compañía de la cuales cruzó esa calle fatídica y busco refugio entre unas enrredaderas acogedoras para él en ese instante.
Mientras sucedía todo esto, yo estaba con la cabeza a punto de estallar y con mi corazón compunjido a tal extremo que no pude evitar el correr de inmediato a prestar atención a la pequeña criatura cuyo llanto habría desvanecido en ese instante al mismo Hades cuando no perdonó a Eurídice en su fatal error. De esta forma llegué hasta donde se encontraba y me cercioré de los posibles daños que pudiera haber recibido el pequeño luego de tan traumática experiencia, en esta acción me secundaron mi hermana y luego mi mamá. Grande fue nuestra sorpresa y nuestra alegría al ver que milagrosamente había salido completamente ileso a tal encuentro, pese a ello, lloraba desconsolado debido al trauma de la situación.
En ese momento mi hermana le tomó en brazos y le consoló, fue tan importante para él en ese instante el abrazo de un ajeno protector que introdujo profundamente su cabeza en aquel regazo guardián mientras seguía llorando su pena indecible.
Luego de unos instantes se calmó y nos vimos en el dilema de qué hacer con él, si le dejabamos a su suerte muy altas eran las posibilidades de que le atropellaran nuevamente y esta vez era muy probable que no corriera la misma suerte, pero por otra parte en la casa la se encontraba el viejo Fritz por tanto en un dilema se constituyó dicha situación y como la decisión era dificil y el lugar poco apropiado para tomarla, lo llevamos para la casa para brindarle alimento y techo temporal mientras su suerte se decidía. Asi fue como estuvo con nosotros un par días con mi hermana defendiendo su permanencia en la casa y yo negandosela, finalmente mi postura se impuso por razones que no podría exponer en esta entrada, ya que requerirían un análisis muy profundo y que implica a más personas de las que la ética consideraría prundente exponerlas en este medio.
De esta forma el perrito fue llevado a la sociedad protectora de los animales para que en ese lugar se decidiera su futuro. Sin embargo, las emociones primaron por sobre mis razones y al día siguiente de haberlo dejado en dicho lugar, mis padres fueron a buscarlo y decididamente quedó como parte de nuestra familia, el septimo integrante de la casa.
He de reconocer que mi negativa respecto de su estancia no era falta de cariño hacia él, es por ello que ahora que ha sido aceptado por fin, accedí a que se le diera una existencia nominal, única y simbólica. Mi hermana propuso Amón, el padre de los dioses egipcios y sin dudarlo estuve de acuerdo, su historia merece la denominación de Amón, el milagro de su doble salvación merece la más alta de la gracias y es por ello que ahora le reconozco.
Oh hijo de Amón, que la vida muestre un lado más amable contigo ahora que tienes cobijo, haremos todo lo que sea necesario para cumplir este cometido...