septiembre 05, 2007

Que puedo decir...

Estoy cansado, estoy triste, estoy agotado y desilusionado, el caleidoscopio de la mirada ha mellado el filo de los instantes que acompañan el caminar del amante, el vacío se ha hecho presente con una insistencia conmovedora... Bataille me sonríe y dice... "gracias"... Las manos pesadas, los pies ensangrentados, un dolor propio del exilio del cuerpo dentro de si... alguna vez dije, "ser extranjero en el cuerpo", ahora digo... "ser extranjero en la vida"... Y al igual que lo hizo Bataille, Foucault me dice "Si pues", como los locos sin patria, sin patria más allá del barco que los exilia a sí mismos y sin ninguna posibilidad de tierra alguna.
El camino es brumoso, duro a momentos, la masacre de las piñas no es más que una expresión de desagravio a sí mismo, no por la forma, sino por las intencionalidades confusas e inconfesables que promulgan y comulgan en una lógica que se apega afanosa al sin sentido.
Una ética... mil años de deontologización caen sobre mis hombros al pronunciarle si quiera, el peso del martillo y el ardor implacable de un "a", consagrado en la letra, en la sujeción, en la ilusión de la cual la noción de amante huye. Pero... yo insisto porque soy majadero, UNA ÉTICA... de los cuerpos, de los corazones, de la educación, del desarrollo, de lo sagrado, de lo profano, de lo inmundo, de lo inefable... una ética de cualquier cosa, yo lloro una ética y es en la formulación de una ética donde estoy más en juego, la lógica de mi barra, la instancia de las piedras que ensangrientan las huellas que deja el pisar estrepitoso de mi presencia... de mi marca, de mi huella, de las cuales soy inevitablemente responsable.
El caleidoscopio cansa, muchas veces siento que me cegará un día sin remedio y donde mis sentidos se aplacarán y me entregaré al vórtice vampírico que destruía a los cuerpos de las piñas... ¿A qué le temo?... una virgen guerrera dijo una vez algo así: "Le temo a una jaula, a que las barras de la costumbre y la dejadez nublen mi fuerza y me dobleguen"... algo en ese momento me hizo amarla... ahora entiendo, la complicidad de un movimiento que no tiene ninguna medida y de una inexorabilidad que me espanta...

septiembre 01, 2007

Masacre en las piñas, de la verdad y la mentira por medio de un caleidoscopio

La estructura, el semblante, el guiño y una escapada, la fugacidad del instante, la fuerza del encuentro y la saturación de los sentidos, la bruma acongoja la vista mientras que el roce/goce del tacto notifica mi presencia, ausente, tan presente como puede llegar a estar una ausencia en la inscripción del cuerpo en el espacio de la vinculación.
Los sentidos confusos, luces y sombras que se alternan y pululan entre las piernas de los desgarbados retazos de cuerpo. Se esconden, temen la presencia, pero incitan a ella con descaro en un juego de ambivalencias satánico que se da en el entrepiernas de la ciudad, una ciudad sucia y gris, un romanticismo olvidado en la vorágine de la copia... fotocopia... mal copiado, destrucción y malversación de lo real, del modelo de copiado... como si el modelo existiera más allá de los actos de copia que promulgan quienes copian.
La hostilidad del pasto y un cielo que se abre a la decapitación de quienes zozobran en la empresa impracticable del A, el terror, la angustia, las manos vacías estando llenas, colmadas y mojadas, muchas veces sucias por el derrame, el fluido, el asco, la nausea de la luz... "factor protector de la oscuridad"... el cemento se torna frío, como siempre pero se siente, el agua sucia invita a un baile asqueroso donde las intencionalidades se tornan inconfesablemente deseosas, un juego... la vorágine del suplemento, un suplemento que se establece en la lógica de una hiancia donde las preguntas están prohibidas, la debilidad es castigada so pena capital, pero los ojos insisten en mirar al cielo en busca de un sentido, un escape al trauma de la instancia.
Los vampiros se retiran, camuflados en sus trajes de lentejuelas y bolas de espejo hacen una huida imposible de concebir en el rigor del amanecer aterrador, las luces del alba gritan horrores de guerra, el campo de batalla parece putrefacto, los vampiros que no alcanzaron a huir del terror del sol muestran sus cuerpos fallidos en la búsqueda de esa eternidad mortuoria que tan solo se alcanza en la cúspide de la noche placentera y complaciente, el pasto expulsa los restos del horror/goce y el perro, hasta hace unos instantes mudo compañero y testigo del juego de la hiancia, ya no se le ve abandonado y desdeña las sombras que aún se resisten a recoger sus retazos esparcidos sin gloria posible.
Un cuerpo, uno de entre tantos que se apostaban a la masacre cautiva la intención, los ojos no son más que adornos pues no hay verdad posible en ellos, una mentira flagrante que salta a la vista de la mirada más lúcida, pero que entrega toda su verdad, una verdad sin ninguna medida si se mira en caleidoscopio... como en mil espejos surgen el dolor, la muerte, el miedo, el gusano, la locura, la sangre, las fecas, la saliva, el pelo, el vómito, la nausea, la lágrima, la pena, la enfermedad, el hematoma, la malformación, la cicatriz, la esperanza, el amor, la bondad, el odio, la entrega y la venganza. La vista de caleidoscopio se torna fatigosa y la intención se pierde hacia la colina coronada por la madre, aquella que parió, sufrió y no gozó, digna absoluta de aquel espectáculo de masacre vampírica, después de todo, ella es la madre... La instancia se aplaca, una tregua, por un momento se dibuja una esperanza, la credibilidad exige imponer su presencia, pero en la medida de que se dibuja la esperanza, el tono del cielo se torna marrón y la lluvia de fecas se deja caer sobre los recuerdos impensables de la masacre anterior y las sombras que querían huir, aceleran el paso en un esfuerzo estéril de evitar la MIERDA, ésta se acumula, nubla el pensamiento y provoca la locura, el movimiento, el gesto, la indiferencia de los enmierdados... esa es la lógica de la posguerra, de la posmasacre, un poscualquier cosa, porque en los páramos de mierda no hay sentido que permita vislumbrar camino posible... Sólo queda esperar la resurrección de los vampiros y compulsionar, repetir, jugar, suplementar...