septiembre 30, 2006

Vivaldi y las gotas de un invierno abismal


Sin duda alguna, una de las piezas musicales que más ha marcado mi poco erudito acercamiento a la música de verdad, ha sido uno de los movimientos (creo que es el primero) del Invierno de Vivaldi, sin duda alguna el tener la experiencia de esa pieza musical es algo que marca, tanto que el invierno se ha tornado necesario en mi manera de presenciar la experiencia musical y de vida.

Sin duda alguna, el invierno posee un poder increible, siendo capaz de crear un momento de suspención en la mente donde la consternación inunda los corazones de quienes le experimentan. El invierno siempre ha sido relacionado con la muerte y el dolor, con la suspención y la quietud, en el invierno hay un poder contenido tal que nadie es capaz de captar, algo sobre natural que solo la experiencia subliminal puede captar, pero jamás denotar, ese es el invierno...

Las gotas del invierno se esparcen por el aire de una forma que es difícil de explicar, el frío acompaña una danza silenciosa donde las sombras salen de sus refugios lóbregos y se instalan ante una fogata eterna que no produce calor, ante un fuego que no ilumina, un fuego que perpetúa sus proyecciones negruzcas que toman el control del ambiente y se alzan en una espiral de inconmensurable belleza, una belleza dura y dolorosa que no es sencilla de apreciar, ni mucho menos compartir.
Esas gotas del invierno se deslizan en la mente de quien aprecia la danza pálida de las sombras, de tal forma que el extasis que produce se encuentra situado en el vacío, en un abismo de luz tenue que no es acogendor ni invita a nadie, que solo se encuentra en su fría y eterna travesía, donde el placer y la muerte se sientan en una misma mesa y beben un frío vino sin mirarse alos ojos, no se miran porque saben que son uno y dos si también lo desean, el invierno es asi, no necesita de color, porque su color esta en su ausencia y la no nececidad de éste.
(Cuando sepa colocar archivos de música en el blog, pondré un trozo del invierno. Ojo, la mayoría de las versiones del invierno son muy sucias y no logran la profundidad y el poder de un invierno limpio como solo una vez he escuchado, como el que ahora estoy escuchando...)

septiembre 21, 2006

El goce de Eurídice


Hoy quiero hablar de Eurídice, la bella y sufrida Eurídice, que dolor más grande el que tuvo que pasar esta pobre chiquilla. Será necesario contar la historia de esta niña, creo que si, no todo el mundo podría saberla...
Eurídice era una hermosa muchacha que corría por lo campos verdes, su cabello largo al viento, sus ojos perdidos en el horizonte y toooodas esas cosas de los cuentos de gente linda. Bueno, ella estaba perdidamente enamorada de un niño llamado Orfeo. Un chiquillo precioso, de bellos rizos, ojos aceitunos y labios azucenos (como diría Lemebel). Orfeo tocaba la Lira de una manera tan maravillosa que las criaturas del mundo sucumbian ante los acordes que emanaban de la fantástica relación entre sus dedos divinos y las cuerdas de tan noble instrumento... Ya mucho.
Ese es Orfeo, la cosa es que ellos dos se amaban como solo se ama en las historias, un día una serpiente mandada no sé por quién que estaba chato o chata de tanto amor le mordió el tobillo a esta pobre niña y se murió. Claro está que la historia no cuenta que clase de serpiente era, ni qué clase de veneno tenía porque si era. Probablemente debió ser un veneno neurotóxico onda de una cobra, para que la niña ésta no quedara tan fea después de muerta, porque si fue una víbora con veneno hemotóxico, la necrosis la habría dejada horrible y la historia habría sido muy diferente, de hecho habría pasado por Gorgona.
Bueno, la cosa es que en la Grecia del mito, los muertos se van al Hades y allí se fue la famosa Eurídice a rendirle cuentas a los jueces de los muertos y tooodas esas cosas. La cosa está en que Orfeo, como estaba taaaaaaaaaaaaaaaaaaaan enamorado, quedó taaaaaaaaaaaaaaaaaaaaan desconsolado con la muerte de esta chiquilla que no se le ocurrió nada mejor que ir a mismo mundo de los muertos a ver a Eurídice. Pero no se engañen, no se mató al estilo de Romeo y Julieta, no señor, Orfeo era mucho más inteligente que ese par de sacos de pelotas y fue en vida el mundo de los muertos a tocarle la Lira al mismo Hades. Como habrá sido de regio para tocar la Lira este niño, que el mismo Dios de los muertos no pudo más que concederle a él, sólo a él un beneficio único: llevarse a Eurídice del mundo de los muertos y ser felices para siempre...
Todo bello, todo regio, es que nadie en el mundo podría jamás hufanarse de haber conseguido un beneficio tal, pero como no todo es miel sobre hojuelas, y eso me encanta de los griegos, había una condición. Debian cruzar caminando el Hades sin mirar hacia atrás en ningún momento y dicho y hecho, en un instante se dan vuelta producto de un engaño urdido no sé por quién (es el personaje principal y nunca me acuerdo) y Eurídice queda petrificada para siempre en el Hades, poooooooobre de ella, en realidad pobre de Orfeo también porque nunca más tendría a su amada... Bueno, el resto de la historia da lo mismo.
Bueno, esa es la historia de Eurídice, pobre de ella no. Pero el punto que quiero tocar es otro, la historia de ella es porque hay quien dijo que siempre es sabio hacer historia y tooodas esas cosas. Entonces la pregunta o las preguntas son las siguientes. ¿Donde está el placer en ésto?, ¿Donde está el dolor de ésto?.
Preguntas difíciles sin duda, pero veremos que se puede hacer. Respecto del placer, quisiera primero que todo acuñar otro concepto para referirme a ésto, prefiero el concepto de GOCE, pero no es un goce como vulgarmente se entiende, sino que en un goce que va más allá del principio del placer. Quisiera que se entendiera en términos de Bataille, un autor genial que me inspira mucho. Para Bataille el goce está ligado fuertemente a la muerte, a un principio tanático si se quiere en términos más psicoanalíticos, es un gozar en la destrucción, en la muerte, en la descomposición (literalmente en términos de descomposición de la materia o de un objeto determinado, no asimilable a putrefacción). En un vistazo poco detenido, ésto puede parecer muy lejano a la realidad, pero no lo es, el goce de la muerte es algo tremendamente patente en la realidad subjetiva y me parece que al mirar la historia de Eurídice se puede encontrar mucho de ello.
Para ésto, pido no mirar la historia con los ojos habituales, evitar centrar la atención en el drama de Eurídice propiamente tal y su eteeeeeerno enamorado, sino que en la psicología de quien narra la historia o el contexto psicológico en el que surge ésta. Es aquí cuando surge, a medio camino de referirme a la primera de las preguntas, la segunda de éstas acerca de donde estaría el dolor.
El dolor en la historia de Eurídice lo podemos encontrar a cada momento, la historia de hecho está marcada por éste, vulgarmente se podría decir que es una historia muy sufrida, pero hay que encontrarle un sentido a tanto dolor, ese dolor tiene un fin claro, tiene una razón de ser que está allí, oculta tras esa palabrería lastimosa, el dolor a mi parecer tiene una función estructural y predominante para entender el trasfondo de ésta cuestión.
En definitiva y considerando lo anterior, el dolor es que permite una posibilidad de goce, el goce en todas sus acepciones parece estar subyugado a la experiencia de dolor. En primer lugar, ordinariamente solo se goza aplacando el dolor, están considerados como antagonistas, depende de éste para determinarse, el dolor parece ser la medida del placer por el principio del placer. Por otra parte, mirando con ojos críticos y Batailletianos al goce, éste sería fuente, principio y determinador del dolor, el goce, el placer serían en dí mismos experiencias del más puro dolor encontrado desnudo ante la implacabilidad del vacío.
Hay goce en el drama de Eurídice, hay placer en el dolor de su expresión al ser aprisionada, los griegos no sentían el pudor que sentimos nosotros en deleitarse de esa experiencia suprema de dolor, ellos entendían que en ausencia de dolor no hay goce y que éste es en sí mismo una experiencia de dolor. El principio tanático se apodera de la historia de Eurídice y es tanto o más fuerte que el principio del Eros, la constitución y la destrucción son parte de una amalgamación lograda en el erotismo, una experiancia que de la cual más adelante trataré...
Les dejo esta imagen: Extasis de Santa Teresa, sin comentarios...